Maria Dueñas

María Dueñas: «A la gente le gusta organizar el mundo en casillas» 8 abril

 

Cae la tarde fría de un día feriado en el que España celebra el Día del Padre. Su departamento madrileño acaba de oficiar como anfitrión de un encuentro familiar y María Dueñas, ajena a toda pose intelectual sin ostentar erudición, convida masas finas en una bandeja mientras prepara café. Su especialidad no es imponer barreras, sino construir puentes. Sus tres novelas transcurren en tres continentes diferentes, en distintos momentos históricos donde dos -o más- culturas dialogan. La escritora más exitosa de las últimas décadas, la creadora de ese suceso que sigue hilvanándose, El tiempo entre costuras, se inspiró en el Marruecos del protectorado español donde vivió su progenitora, aquella heroína anónima, docente y madre de ocho hijos para aquel, su debut en el mundo de la ficción. Ese sitio cálido, de líneas y formas minimalistas, ubicado a pocos metros de la Almudena y del Palacio Real, es su búnker, donde se encierra durante años para que sus historias y sus criaturas cobren vida. Su carisma pudo forjar el cariño de sus lectores fieles, quienes el día anterior se agolpaban en una tienda del Corte Inglés para tener la firma de la autora. Dueñas logró un lugar en el ámbito académico y en el literario a fuerza de una virtud con la que bautizó su último trabajo, La templanza (Planeta), que transcurre entre Jerez, México y La Habana: "Tengo mi genio y lo saco cuando hace falta. Soy impulsiva en ocasiones, pero veo las cosas con la sobriedad suficiente para equilibrar las distintas facetas de mi vida. La templanza nos ayuda a funcionar mejor".

Es la primera vez que aparece un protagonista masculino en mis novelas. Fue muy gratificante. Hice un pequeño ensayo en Misión olvido con dos personajes, ambos profesores, cercanos a la protagonista absoluta, Blanca Perea. Sé que a los lectores les fascinó Daniel, uno de ellos, tan entrañable. Los hombres de El tiempo entre costuras tenían un perfil más bajo. Fue un reto para esta tercera novela meterme dentro de Mauro Larrea, pero él me lo ha puesto muy fácil. Hemos tenido una complicidad muy grande. Él es un hombre de otro siglo, de un mundo distinto al mío. Pero es muy parecido a los hombres del siglo XX, que tienen que ser proactivos y tener iniciativa.

Me gusta mucho la historia, pero más aún los detalles. Quiero conocer las cosas pequeñas, cómo se vestían las personas, cómo se alumbraban las habitaciones, qué comían, no sólo lo coyuntural y quiénes eran los líderes en un momento determinado. Para mis libros busqué en prensa de la época, imágenes, mapas y hasta en grabados antiguos. Esa información luego la sopesé, hice fichas y después pasaron por un colador. Creo que ésa es herencia de mi vida académica. Me documento mucho para mis novelas. Busco el rigor, la concreción, que todo lo que dices se pueda sostener, que nada de lo que escribes se quede en el aire. He trabajado 20 años en el mundo universitario, tanto en la docencia como en la investigación. Esas mismas herramientas, principios y maneras de trabajar las he pasado al trabajo de ficción.

El lector encuentra a mis protagonistas donde sus vidas se alteran. En las dos novelas anteriores eran crisis más bien personales, sentimentales. En La templanza, es una crisis financiera, una debacle que hace poner en marcha al personaje. Me gusta esa idea de alguien quien tiene una vida establecida, hasta que algo lo trastoca y lo obliga a reinventarse.

Tengo una capacidad enorme para aislarme de todo. Me construyo una burbuja y no me dejo influir por nada. Cuando escribía Misión olvido se emitía El tiempo entre costuras, daba entrevistas y acompañaba a la serie, pero cuando llegaba mi hora de trabajar dejaba todo aparte. No pienso en una fórmula del éxito y no sé si exista. La novela debe tener su alma. No hay nada más saludable para el libro y para mí que concentrarnos en lo que estamos haciendo y nada más.

No es cierto que huí de la vida académica porque no la soportara más. Estaba realizada profesionalmente y era una vida muy gustosa. Empecé a escribir sin saber qué destino iba a tener. Conseguí primero publicarlo, y después vino este viaje, que lleva ya seis años.

Planifico todo, pero hay personajes que cobran vida propia y no los freno. Quería que El tiempo entre costuras tuviese como protagonistas a personajes históricos, como a Rosalinda Fox y a José Luis Beigbeder, pero Sira Quiroga empezó a crecer. Lo mismo me pasó con Daniel, de Misión olvido, y en La templanza me pasó con Carola Gorostiza, a quien debí hacer cruzar el Océano para que siguiese actuando en Jerez.

No soy una persona romántica. No leo ni literatura romántica ni soy una gran aficionada a esas películas, pero al final los personajes te van pidiendo algo de aquello.

Intentan etiquetar mi trabajo como literatura femenina, pero no lo es. A la gente le gusta organizar el mundo en casillas. Sé que tengo muchísimas lectoras y es verdad que soy mujer y que doy mi visión femenina del mundo, pero no considero que sea literatura femenina. Es un concepto muy reduccionista y esos corsets no son saludables.

Soy muy variada en mis lecturas. En mi mesa de luz tengo Un árbol caído, de Rafael Reig. Me gusta leer cosas de autores nuevos, los clásicos y de gente de mi edad. Me interesan Antonio Orejudo o Milena Busquets, y los maestros, como Mario Vargas Llosa. Todo te hace crecer. Mi mirada no es la misma ahora que cuando era una mera lectora. Leo con otro criterio, despedazo las obras, es una lectura más crítica. Tengo un radar.

Noticia publicada en: LaNacion.com
¿Por qué queremos tanto a María Dueñas? 8 abril

Hace ya bastantes años Julio Cortázar tituló uno de sus libros de cuentos Queremos a Glenda (Jackson) y sobre esa inspiración le tomé prestada una paráfrasis para presentar la semana pasada, en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Zaragoza la nueva novela de María Dueñas, La Templanza.

¿Por qué queremos tanto a María Dueñas?

En mi caso empecé a admirarla como lector, cuando en 2009 publicó El tiempo entre costuras.

Ya me pareció entonces que su aportación se cimentaba en el profundo conocimiento de la novela inglesa y francesa del XIX y en nuestra tradición clásica, en Pérez Galdós, especialmente, pero para proyectarla al presente con armas narrativas más contemporáneas, aplicando a sus argumentos técnicas de la novela de intriga, de la novela histórica, incluso de la rica tradición de los relatos de espionaje, pero sin limitarse o circunscribirse a ninguno de esos géneros, sobrevolándolos y derivando al cabo en una narración caudal con todo tipo de elementos y materiales, amor, psicología, atmósfera, misterio, lenguaje, sociedad... Una novelista muy dotada, en suma, que emergía desde nuestra tradición literaria para renovar la novela.

Seguí queriendo después a María Dueñas porque Misión Olvido, su segunda entrega, hablaba de nuestros hombres de letras exiliados tras la guerra civil, y muy en particular de Ramón J. Sender. De lejos, el escritor aragonés más trascendente, pero también, por desgracia, uno de los genios españoles más olvidados. Misión Olvido contenía un perfume distinto a El tiempo entre costuras; y otra protagonista, Blanca Perea, diferente a Sira Quiroga, la ya mítica costurerita madrileña.

En La Templanza, María Dueñas arma una historia plagada de aventuras y lances amorosos, de ambición y pasión, con ricos y exóticos escenarios a uno y a otro lado del Atlántico. Como protagonista, un hombre, Mauro Larrea, minero, indiano, bodeguero, en cuya piel la autora se ha metido a fondo.

También queremos tanto a María Dueñas por su fácil y generosa amistad, por su alegría y complicidad,

En mi caso, además, por todos esos inolvidables ratos en los que he tenido la suerte de hablar con ella, de aprender de ella sobre la realidad y la ficción, la literatura y la historia, y el arte de novelar.

Noticia publicada en: El Periódico de Aragón
Entrevista a María Dueñas: «He escrito una novela con alma de novela, no de película o serie» 8 abril

Si hay alguien capaz de levantar el sector editorial en este país, esa es María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964). La autora, que apenas lleva un lustro en el negocio editorial, dio la campanada con su primera novela, El tiempo entre costuras, (Temas de Hoy, 2009) que fue traducida a 25 idiomas. Su segunda novela fue Misión Olvido, que publicó en 2012.

Ahora Dueñas, con cinco millones de ejemplares vendidos de sus dos libros anteriores, presenta la que ya es su tercera novela: La Templanza. Cuando apenas queda un mes para la celebración del Día del Libro, y con varias potentes ferias literarias a la vuelta de la esquina, Planeta lanza medio millón de ejemplares de esta obra, que salió a la venta el 17 de marzo y que ya tiene previsto ser traducido en varios idiomas.

En esta nueva novela la escritora se remonta hasta mediados del siglo XIX para narrar la historia de Mauro Larrea, un español viudo que emigra a México en su juventud con dos hijos muy pequeños. Poco a poco se convierte en una figura social de la capital y en todo un magnate gracias a su ascenso desde el más arduo trabajo en las minas de plata de dicho país hasta las inversiones del más alto nivel. Pero ya en las primeras páginas de La Templanza, Larrea recibe un varapalo: su última y más arriesgada inversión se ha ido al garete, y ha perdido todo lo que tenía. Con sus hijos ya mayores, su tranquila vida se tambalea a causa de su ruina y solo ve posibilidades de recuperarse saliendo del país. Larrea coge lo poco que tiene y se marcha a Cuba, en un viaje apenas de tránsito que después le llevará a Jerez de la Frontera, en Cádiz, devolviéndolo a España y haciéndole vivir una vida muy distinta (en lo económico, en lo profesional, en lo amoroso) de la que tenía en la capital mexicana.

Estos días María Dueñas está de promoción por toda España, ha pasado también por Jerez de la Frontera, revisitando los lugares en los que situó a su protagonista. Dueñas saca un hueco para contestar por correo electrónico las preguntas de El Huffington Post.

Tras pasar con tus dos novelas anteriores por Tánger y Tetuán, y después por California, ¿por qué te has decantado esta vez por México, Cuba y Jerez? ¿Por qué ese cruce entre América Latina y España?

Mi intención inicial fue retornar a ese Jerez espléndido de mediados del siglo XIX lleno de prósperas bodegas –más de 400- y con un bullente comercio internacional centrado sobre todo en la distribución del sherry en Inglaterra. Algunas de aquellas bodegas fueron establecidas con capitales de retorno: el dinero que traían los legendarios indianos que retornaban a la madre patria dispuestos a invertir sus caudales en negocios prometedores, como lo era el sector vinatero de Jerez.

Entre aquellos retornados hubo algunos que levantaron su riqueza en las minas de la plata mexicana, y ese fue el perfil que elegí para mi protagonista, solo que decidí darle una vuelta de tuerca y creé un personaje, Mauro Larrea, que conserva la facha y el talante de un acaudalado triunfador procedente de una de las antiguas colonias, pero que en realidad arrastra tras de sí una debacle financiera que se esfuerza por esconder. Dotar a este hombre de un pasado es lo que me lleva a México -donde se arruina- y después a Cuba –donde se intenta recomponer-. Desde allí, por una serie de carambolas inesperadas, cruzará el océano para llegar a Jerez.

Poder, ambición, lucha por salir adelante... ¿Ves también a la España de entonces, e incluso a la actual, en esta novela?

Se trata de dos momentos históricos muy distintos, pero quizá puedan verse ciertos paralelismos porque lo que en el fondo mueve a Mauro Larrea son problemas, avatares y objetivos comunes a la condición humana a lo largo de los siglos: la incertidumbre, la lucha contra la adversidad, la preocupación por los hijos, las pasiones que surgen a contracorriente y acaban desviando el rumbo de nuestro porvenir…

En El tiempo entre costuras viajaste hasta la II Guerra Mundial, pero aquí has ido incluso más atrás. ¿Por qué te has decidido por esta época?

El inicio de la década de los sesenta del siglo XIX me parecía un momento muy interesante, un punto de inflexión en muchos entornos. Estalla la Guerra Civil en Estados Unidos, que será lo que cause la ruina del protagonista; España ha perdido la práctica totalidad de sus antiguas colonias, pero aún mantiene Cuba como su último gran bastión; frente a ese mermado imperio español, Jerez se afianza con fuerza como un enclave próspero, con una economía más que solvente, con una poderosa burguesía bodeguera, con sólidas relaciones internacionales…

Has titulado la novela La Templanza. ¿Por qué templanza, precisamente?

La Templanza es el nombre de la viña jerezana que pasa de las manos de un decadente clan bodeguero a las de Mauro Larrea. Pero el título tiene también una doble lectura: la templanza es además una deseable virtud cardinal de la que el protagonista carece a lo largo de 526 páginas de novela. En su urgencia por reconstruirse, él se mueve frenético, impulsivo, sin contención… Solo al final, cuando el desenlace le trastoque en lo más profundo, nuestro hombre cambiará también su manera de estar en el mundo y asumirá su futuro de una forma más templada.

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La Templanza tiene una extraordinaria labor de documentación. Desde las ropas a las comidas, las calles, las casas... ¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Lleva casi más tiempo documentarse para una novela así que escribirla?

El proceso de documentación es fundamental: necesito que mis ficciones se asienten sobre pilares sólidos que proporcionen un trasfondo ambiental de verosimilitud. No solo me interesa el momento histórico en sí, sino también todo lo que implica: cómo se vivía, se vestía, se hablaba, se comía… Para ello recurro a todo tipo de fuentes, desde las más académicas y ortodoxas, a prensa de la época, antiguas imágenes, literatura del momento, memorias, biografías… Lleva tiempo hacerlo, sí, pero es un trabajo fascinante.

Si de El tiempo entre costuras se logró sacar una estupenda miniserie, ¿qué harías tú con La Templanza, ahora que la tienes fresca?

Me he esforzado férreamente por no pensar en ello a lo largo del proceso de escritura; me he blindado para que no hubiera interferencias. Encerrada en mi cápsula imaginaria, he escrito una novela con alma de novela, no de película o serie de televisión. No obstante, ahora que está terminada y publicada, no cierro puertas.

Es cierto que se trata de una historia muy dinámica, trepidante a veces, con unos escenarios preciosos y unos personajes apasionados y seductores: un cóctel sin duda atractivo para un producto audiovisual. Pero ahora es el momento de que la disfruten los lectores, ya veremos qué viene después…

¿Consideras que esta es una novela que rompe con las anteriores o hay una continuidad?

Rompe solo en lo superficial: tiene un personaje principal masculino, se desarrolla en el XIX… Pero vuelve a adentrarse en la condición humana desde distintos ángulos, explora sentimientos, ofrece una acción ágil y una lectura envolvente… Y con esos ingredientes comunes, confío en que vuelva a cautivar a los lectores otra vez.

Lee las primeras páginas de La Templanza, de María Dueñas

En esta tercera novela el protagonista es un hombre. ¿Te ha costado mucho meterte en su piel, hablar desde una visión masculina, o no hay una gran diferencia narrar desde un punto de vista u otro?

No me ha resultado complejo en absoluto; todo lo contrario. Tras componer dos novelas metida en la piel de sendas mujeres, crear a Mauro Larrea me ha resultado enormemente grato y refrescante. No obstante, en la novela hay también personajes femeninos muy potentes: Carola Gorostiza, la causante del inicial cambio de rumbo de su destino; Soledad Montalvo, la mujer que lo enamorará… Su peso en La Templanza es fundamental.

Tras vender millones de ejemplares y con una miniserie de gran calidad que ha ayudado a aumentar la popularidad, ¿hasta qué punto te sientes condicionada por ese éxito?

Intento que me afecte lo menos posible. Ahora tengo más responsabilidades y compromisos, es cierto, pero mi posición es prácticamente la misma que cuando abordé la primera novela: mucho trabajo, las ideas claras, los pies en el suelo y buenas dosis de ilusión volcadas en cada proyecto.

El tiempo entre costuras fue una novela inspiradora para muchos, incluso para otros novelistas, que han hecho algo así como un spin off de tu novela. ¿Has podido leer Un jardín al norte de Boris Izaguirre? ¿Qué te parece su Rosalinda Fox, encaja con la imagen que tú habías hecho de la tuya?

El libro de Boris es una interpretación personalísima de la vida de Rosalinda Fox, y no está conectada en modo alguno a El tiempo entre costuras a pesar de compartir el personaje. Él lo tuvo claro desde el principio y los lectores lo han entendido así; me alegro enormemente de su éxito.

Y ahora, ¿qué? ¿Cómo es el vacío tras documentarse a fondo, escribir más de 500 páginas y promocionarla? ¿Qué estarás haciendo en un par de meses? ¿Tienes otra novela ya en mente o quieres un descanso?

Ese momento de vacío no llega nunca: terminas la escritura y empiezan las correcciones, la planificación del lanzamiento, las entrevistas, la promoción en España y América Latina, las traducciones… Dentro de un par de meses el ritmo de trabajo será mucho más pausado y, aunque probablemente siga acompañando a La Templanza, supongo que mi mente andará ya trotando por otros derroteros imaginarios, empezando a construir en mi cabeza una nueva ficción.

Noticia publicada en: Huffingtonpost.es