Maria Dueñas

La Templanza: una novela fuera de serie 14 mayo

María Dueñas acaba de publicar su tercera novela: ‘La Templanza’, una historia que nos transporta al siglo XIX y que navega por el Jerez de las bodegas, la Cuba Colonial y México.

La escritora ha conectado precisamente esos tres lugares con la capital de España para pasearnos por su Madrid.

La primera fusión que ha escogido es la de Cuba y Madrid con la banda sonora de ‘Se me olvidó que te olvidé’, de El Cigala y Bebo Valdés.

En los micrófonos de A Vivir Madrid, la escritora contaba la anécdota de cómo finalmente decidió el argumento de ‘La Templanza’: “En un vuelo de Alicante a Londres hace dos o tres años, iba sola rodeada de británicos que venían de pasar sus vacaciones, sonrosaditos y bebiendo su vinito desde por la mañana. Y al final todo me llevaba a Jerez” aunque “ya esa seducción de Jerez, del comercio, de los ingleses, de la gente de ida y vuelta, ya la llevaba dentro desde antes”

Dueñas ha pasado dos años escribiendo esta novela haciendo un enorme trabajo de documentación para saber cómo eran esas ciudades hace dos siglos: “me apetecía dotarle de olor, de ruidos, de movimientos, cómo olía en México al maíz tostado (…) todo eso hay que documentarlo” explicaba la autora.

La escritora está inmersa en la promoción de esta novela que incluye a varios países latinoamericanos donde ‘La Templanza’ está en los primeros puestos de venta de la semana. María ha contado que estará en la Feria del libro de Argentina, Bogotá y después viaja a México: “es una acogida excelente. Tenemos tanto afecto mutuo que yo me siento absolutamente en casa”.

María Dueñas empezó a escribir con 40 años ya que los 20 anteriores los dedicó a la docencia siendo Doctora en Filología inglesa en la Universidad de Murcia. Su primera novela ‘El tiempo entre costuras’ vendió 3 millones de ejemplares y se convirtió en una exitosa serie de televisión que vieron 5 millones de personas. María Dueñas ha asegurado que no ha escrito ‘La Templanza’ pensando en llevarla a la pantalla en un futuro: “He escrito ‘La Templanza’ para que sea una novela con alma de novela”. Explicaba la escritora que si hubiese pensado en la novela para hacerla serie de televisión “habría sido una trampa, porque te constriñe“. Aún así no ha querido cerrar la puerta a ningún proyecto: “lo que tenga que venir vendrá y ya veremos”

Noticia publicada en: Cadena SER
María Dueñas, receta de una superventas: "No hay ingredientes secretos, solo mucho trabajo" 14 mayo

Seis años no son un gran recorrido en el tiempo para un escritor. Pero si hablamos de María Dueñas (Puertollano, 1964), la perspectiva pasa por un dato: un sorprendente volumen de ventas de millones de ejemplares en todo el mundo; solo por El tiempo entre costuras (2009) han sido tres millones, 46 ediciones y 30 países, según su editorial, Planeta. Un fenómeno singular en un tiempo de aparente zozobra para el relato en papel.

Tras ese primer título llegaron en sistemático parto, Misión olvido y La templanza, en 2012 y 2015 respectivamente. "No tengo ningún ingrediente secreto. Mi único secreto es mucho trabajo. Muchas horas de trabajo, de reflexión, muchas horas encerrada en tu burbuja, conviviendo con los personajes, conviviendo con las tramas, te acuestas con ellos, te levantas con ellos, se sientan a la mesa cuando te sientas a comer. No tiene más truco", confiesa a RTVE.es la autora.

Para Planeta, el arranque de La templanza ha sido el más potente de la temporada y se remiten a las listas confeccionadas por Nielsen y Cegal, solventes empresas en la elaboración de estadísticas sobre este sector. Desde Nielsen se apunta también a este título como el motor del repunte en un mercado que por primera vez experimenta subidas importantes tras años de caídas encadenadas. Además, señalan en la editorial, "el libro ha entrado en todas las listas de periódicos en las primeras posiciones, tanto en España, como en América Latina".

Un éxito inesperado

"Yo nunca había tenido la ambición de convertirme en escritora, nunca había pensado cambiar de profesión a los 45 años. Era una profesora universitaria que decidió un día escribir una novela, no tiene más", aclara la docente convertida en novelista. Y continúa dando cuenta de lo que para muchos aspirantes es un objetivo imposible: "Tuve la suerte de que se publicara y luego vino el gran éxito de lectores. Realmente todo fue un poco insospechado".

"Lo mío fue llegar y besar el santo, pero entiendo que es una anomalía; normalmente las carreras son más largas, más progresivas, son carreras más de fondo, más azarosas -admite con prudencia- mi carrera ha sido encumbrada desde el principio pero también entiendo que no puedes bajar la guardia y vivir de las rentas. No me quiero quedar agarrada al éxito de mi primera novela de por vida".

Para María Dueñas, la industria editorial "actualmente está regular. La crisis le ha afectado bastante, la piratería también, son momentos cambiantes pero creo que sigue habiendo una enorme ilusión por parte de los editores y de los escritores para lanzar cosas nuevas e interesantes y, desde luego, lo que hay es una gran masa de lectores deseando recibirlas. Creo que dentro de los momentos complicados, es un sector que se terminará revitalizando o que se reinventará o reconfigurará de una manera distinta, pero que no está abocado a una crisis sin remedio".

 

La autora reconoce la singularidad de su caso: "Yo tengo la suerte de vivir de esto y vivir muy bien, tener una acogida excelente y no tener ningún problema. Pero entiendo que no es lo común, que hay muchos casos mucho más complicados y más inciertos que el mío. Solo te puedo dar una percepción positiva, pero entiendo que es una visión muy particular".

 

 

El lector

"Los lectores son los grandes compañeros de viaje, de ellos depende todo", afirma a RTVE.es María Dueñas. Sin embargo, la escritora admite una distancia de salubridad creativa: "Cuando escribo no pienso en ellos, no puedo trabajar con esa preocupación constante. Yo me abstraigo, escribo lo que creo que debo escribir y ya está. Después, son fundamentales, son el banco de pruebas, y de vez en cuando te sorprenden porque ven cosas que tú no has sido capaz de interpretar o intencionalidades que no has considerado".

Pero inevitablemente el cliente manda y también es una distancia racionalizada: "yo escribo lo que quiero escribir, pero también intento volcar en mis libros lo que anticipo que a los lectores les puede seducir. Hay una especie de equilibrio entre las dos cosas y además hay un punto en común entre lo que a mi me gusta escribir y lo que creo que los lectores quieren que escriba, por lo cual no creo que me tenga que vender o traicionar mis intereses para lograr unas buenas ventas".

Y la conclusión es sencilla e ineludible: "Puedes hacer tu trabajo y quedarte satisfecho, que hasta que los lectores no vienen y te devuelven el feedback de lo que les has dado no puedes quedarte tranquilo. Para mí son la referencia, la razón por la que escribo. No escribo para guardar las cosas en un cajón, escribo para que me lean".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La templanza

Mauro Larrea es el personaje principal de La templanza (Planeta, 530 páginas, 21,90 euros). Un español emigrante en el México del siglo XIX sin más patrimonio que sus manos desnudas y su fuerza vital. Desde su condición de minero raso construye un imperio inmenso pero, cercano a la cincuentena, un golpe de mala fortuna lo arruina todo.

El armazón narrativo de la aventura del minero Mauro para reconstruir su vida cultivando la tierra es una odisea que pasa por el Caribe y llega hasta una España decadente pero definitiva para el protagonista. Un punto final que para la autora fue el inicio de todo: "Yo en principio queria volver la mirada hacia un Jerez bodeguero del XIX, aquel Jerez espléndido con 500 bodegas y un comercio internacional muy potente, unas relaciones comerciales riquísimas con Inglaterra. Me pareció un escenario que daba para una nueva novela".

El resto fue construir hacia atrás, explica: "Supe que algunas bodegas fueron establecidas con capitales indianos, con capitales de retorno de españoles que habían hecho fortuna en América y volvían a invertir en un sector próspero en España como el del vino de Jerez entonces. De ahí tuve la idea de que mi protagonista adaptara ese perfil".

Narrativa y agilidad

Más allá de los matices, las fórmulas narrativas eficaces se revelan en resultados. Las páginas de esta novela son una cuesta abajo irresistible para la atención del lector. El milagro de la expresión puede ser un don de talentos privilegiados, pero someter sin fisuras el mecanismo de la atención es sobre todo un oficio depurado a fuerza de horas y meticulosidad.

"Me documento muchísimo y después voy triturando esa información, -explica la escritora-, aprendo mucho, me parece apasionante y después es lo que aplico para poner en pie los escenarios, el telón de fondo en las ciudades que aparecen en cada una de mis novelas. Luego está la construcción de los personajes, que es algo más intimista y ya no necesita documentación de ningún tipo, sino que eres tú y tu propia cabeza quien los va creando".

 

 

A juzgar por los datos de ventas y la diversidad de público, el patrón ideal para tejer tales mimbres es un secreto que María Dueñas ha aprendido con claridad: "La capacidad para dejarnos envolver por unas tramas, personjes y escenarios ajenos a nuestra propia realidad, desprendernos de nuestra piel y meternos en otras distintas. Eso siempre permanecerá".

Y apela al animal curioso que es el homo sapiens para augurar futuro a la narración escrita en un porvenir tecnológico: "Es un placer absoluto descubrir un libro y sumergirte dentro. Esa fascinación ha pervivido a lo largo de los siglos y diría muy poco de los humanos que nos la cargáramos a estas alturas".

Noticia publicada en: rtve.es
Tiempo de indianos 14 mayo

Nadie duda de que María Dueñas logró hacerse con un hueco importante en el dificilísimo universo literario gracias al doble éxito de El tiempo entre costuras. El éxito de la novela, primero, el de la versión televisiva, después. Y aunque es cierto que la conversión de una historia en imágenes ayuda mucho, muchísimo, no es menos cierto que ese éxito fulgurante (alcanzó los tres millones de ejemplares) se debe fundamentalmente al texto literario. La serie, desde luego, tuvo muchos adeptos. Y, con todo eso, y con la publicación, después, de Misión Olvido, Marías Dueñas ha enfilado el camino de la pasión colonial, esos territorios en los que los que la historia alcanza una rara intensidad, en el que las narraciones domésticas se cruzan con los grandes asuntos. Sin embargo, los escenarios, no pocas veces exóticos, que Dueñas dibuja no están abarrotados de Historia, con letra mayúscula, sino que son los personajes los que pasan ante nosotros con sus vidas, con sus amores difíciles, y con su muerte. La Historia es el marco, pero nunca lo más importante.

Así que ahora, un par de años después de reunirme con ella para una primera entrevista, me encuentro con una María Dueñas que en muy poco tiempo ha alcanzado importantes metas en su carrera. Y que continúa en ese territorio de las historias coloniales, aunque en este caso más lejanas y menos conocidas. María Dueñas sigue como entonces. Acostumbrada a trabajar con método, con rigurosa disciplina, con un horario bien establecido, se diría que lo tiene todo planificado, hasta el más pequeño detalle. Su vida anterior, como profesora universitaria (aunque ahora dedicada ya a la literatura a tiempo completo) le enseñó las técnicas necesarias para trabajar con orden, y, si es necesario bajo presión. Toda la pasión que encierran sus historias, los amores caóticos y torrenciales, se generan, paradójicamente, con la frialdad y el equilibrio de un químico, o con la precisión de un relojero. Pero eso sí, las atmósferas coloniales siguen estando ahí. Y la creación de personajes polédricos, complejos, también. "Yo quería volver la mirada al Jerez del siglo XIX, al comercio de vinos con los ingleses. Era mi primera intención cuando me puse manos a la obra con La Templanza (Planeta)", me explica. "Pero cuando empecé la investigación, supe que muchas bodegas fueron establecidas con capitales indianos, con dinero de las minas de las platas de México, fundamentalmente. Así que una cosa me llevó a la otra".

Y ahí nace ese viaje hacia México (un país que conoce bien, que conoció de hecho muy joven, porque María Dueñas vivió un largo tiempo en Estados Unidos y eso, en novelas como Misión Olvido, se nota). Desde Jerez, Dueñas descubre la importancia de un México que ya es independiente, en el que avezados empresarios se dedican a la extracción del metal: la plata. Estamos en 1860 y María Dueñas tuvo que reconstruir ese tiempo y esa historia. Muy diferente de lo que había hecho en la celebrada El tiempo entre costuras, donde el argumento y los personajes eran, para ella, mucho más cercanos. La autora se propone reconstruir la atmósfera decimonónica de México a través de un personaje muy bien delineado, Mauro Larrea. La novela es prácticamente la biografía de ficción de este hombre singular. Como en la mejor tradición realista, o también como en la mejor tradición victoriana, asistimos al auge y caída, y al nuevo ascenso, y a las nuevas caídas, de un personaje que vive en un mundo tan impredecible como apasionante. Construir todos los ángulos de la personalidad de Mauro Larrea no habrá sido tarea fácil. Y, sin embargo, María Dueñas cree que podría ser la historia de cualquiera de esos hombres de acción, calculadores pero tan llenos de pasión como para no renunciar prácticamente a nada. La novela comienza presentándonos a un Mauro Larrea arruinado, que ha de volver a reconstruirse a sí mismo, casi enloquecidamente: la guerra civil en Norteamérica impide que la maquinaria en la que ha gastado casi toda su fortuna pueda llegar a buen puerto. Todo se ha perdido, pero Larrea no es de los que se rinden fácilmente.

Es fácil suponer que la novela se abre a muchísimas tramas y a muchos escenarios. Dueñas maneja un material diverso, complejo: aparecen muchos personajes secundarios, y algún otro, como el usurero Tadeo Carrús, que resultarán mucho más relevantes en la construcción de la historia. Todo esto que hemos narrado, en realidad, apenas ocurre en los primeros capítulos. "Toda la tarea de investigación a mí me resulta fascinante. Me documento incluso antes de saber por dónde va a ir la historia", explica María Dueñas. "Yo quería saber cómo se vivía en las calles de México en aquellos momentos, aquella cultura difícil, la violencia de ciertos ambientes, en las propias minas, porque se trata de escenarios donde brota la brutalidad... y luego La Habana, una Habana que aún no es independiente de la corona española, de la quiero saber todo... con los inmensos beneficios que daba el cultivo de azúcar, o las vegas de tabaco, la esclavitud aceptada, etc. También me interesan los carruajes sobre el empedrado. Y los olores. Y los sabores. Y, sin embargo, a pesar de tener que conocer todo eso, nunca he creído que sea bueno que la proporción de historia, de datos históricos, en una narración sea excesiva. Eso entorpecería la lectura. Todo tiene que estar ahí, pero la historia principal es lo que más importa", dice.

"Conocí México en un viaje muy entrañable, un invierno en el que bajamos desde Michigan, desde los Grandes Lagos... tenía entonces 22 años. Fue un viaje de descubrimiento, porque México no se conocía tanto como ahora. Pero bueno, tampoco creas que fue como Malcolm Lowry en Bajo el volcán...", dice, muerta de risa. "Ahora he recordado ese México, me ha venido bien para crear la atmósfera y para situar en aquel mundo bravo a Mauro Larrea". La novela, en efecto, ahonda en la construcción psicológica, pero también en la situación histórica, en los asuntos pequeños y grandes que influyen en la vida de las personas. Y, desde luego, está el amor: sobre todo en la segunda parte. "La novela muestra que Mauro quiere salirse del determinismo, o quizás de la mala fortuna. Lo que sea. Tiene ambición y audacia, como tuvieron muchos. Su apoderado, Andrade, es la voz de la prudencia, pero él es apasionado, calcula las cosas, sí, pero no le importa apostar", señala. Y apuesta. Apuesta fuerte, porque en La Habana sucederá un hecho determinante: una partida de billar a 150 carambolas en la que apuesta contra Gustavo Zayas y gana. ¿Y qué gana? Unas propiedades en Andalucía que le traerán de vuelta, y que servirán para iniciarnos en el mundo de Jerez y sus bodegas, en plena expansión del negocio hacia Gran Bretaña. En el mundo de La Templanza. María Dueñas regresa a sus territorios favoritos, identificables y esperados, sin duda, por tantos lectores devotos como ha logrado en pocos años.

Noticia publicada en: El Correo Gallego